Cambios hormonales

Las hormonas son las grandes artífices de la maravillosa capacidad de adaptación a la vida y a sus distintas etapas. Fabricadas principalmente en el cerebro, en los ovarios y en los testículos, ellas son el director de orquesta de nuestro cuerpo, ellas son las encargadas de dar las órdenes correctas a todos y cada uno de los instrumentos de la orquesta, y de que las órdenes lleguen efectivamente a su destino y cumplan su cometido.

Las hormonas en infancia

Ya durante el embarazo, nuestras laboriosas hormonas van a jugar un papel fundamental, ya que ellas son precisamente quienes van a modelar nuestro cuerpo como mujer o como hombre, preparándonos para las funciones biológicas propias de uno u otro sexo. Su meticuloso trabajo es primordial, ya que cualquier error o despiste durante el embarazo tendría nefastas repercusiones.

Las hormonas en la adolescencia

Una vez de haber hecho bien su trabajo (para satisfacción de todos), el feliz día del nacimiento digamos que se toman un merecido descanso, hasta que en cuanto suena el reloj biológico de la adolescencia vuelven a tomar un protagonismo inusitado. Porque además de crecer, el cuerpo ha de prepararse para ser capaz de transmitir la vida. Una tarea nada sencilla, que requiere la perfecta puesta a punto de un complejo mecanismo.

Nuestras hormonas han de despertar en nosotros el deseo sexual, la necesidad, la pasión. Han de prepararnos en el arte de la seducción. El encantamiento, el encandilamiento, el enamoramiento. Y han de preparar nuestro cuerpo para transmitir la vida: han de reactivar nuestros ovarios, nuestros testículos, han de inflamar en deseo nuestro clítoris, han de poner a punto nuestro pene, han de concluir su trabajo en nuestro útero, iniciar la menstruación, inventar la eyaculación, desarrollar y preparar adecuadamente nuestros pechos...

Las hormonas en la edad adulta

Una vez que la maquinaria ya está bien engrasada y a punto, los ovarios trabajan concienzudamente para madurar los óvulos y para fabricar las hormonas femeninas.

¿Cuáles son y qué efectos producen las hormonas sexuales? Cada sexo ha especializado sus ovarios y sus testículos en la fabricación de dichas hormonas: estrógenos (hormonas femeninas) y andrógenos (hormonas masculinas), pero lo hacemos de una forma muy curiosa: no se trata de que cada sexo fabriquemos unas hormonas distintas, sino que ambos sexos fabricamos tanto hormonas femeninas como masculinas, sólo que en proporciones distintas, hasta el punto de que en realidad no tiene demasiado sentido llamar «hormona masculina» a la testosterona y «hormona femenina» a los estrógenos.

Tanto las mujeres como los hombres tenemos ambas correteando por nuestra sangre y poniéndonos cachondillas. Es más, las diferencias químicas entre las hormonas femeninas y las masculinas son mínimas. Lo cual pone de relieve (una vez más) que no existen sexos "puros", sino que ambos tenemos una parte femenina y una parte masculina. Muy interesante...

Nuestras hormonas son mensajeros químicos que circulan por el torrente sanguíneo, y que estimulan el cerebro para que se ponga en marcha la conducta sexual.

Aunque estas hormonas se fabrican lejos del cerebro (en los ovarios y testículos), éste es quien regula y coordina su fabricación. En realidad, todo empieza en el cerebro, para después de un largo recorrido volver a terminar en el cerebro. El cerebro es el punto de partida y también la estación de llegada. Es por eso que se ha repetido un millón de veces que el órgano sexual más importante no está en la entrepierna, sino entre las orejas.

Y es que en el cerebro tenemos una pequeña glándula (la hipófisis) que es la encargada de poner en danza a los ovarios, a los testículos y a lo que haga falta para ponernos súper cachondos y empujarnos a buscar y a disfrutar la actividad sexual.

Estas hormonas circulan por nuestra sangre. Sangre que pasa por nuestro cerebro. En el cerebro tenemos un sensor (el hipotálamo) que cuando detecta un nivel elevado de hormonas circulando como locas por nuestra sangre, se dispara y enciende el deseo sexual. El impulso sexual tiene su centro en el hipotálamo.

O sea, que es desde nuestro cerebro, desde donde se pone en marcha todo el proceso. El hipotálamo es nuestro punto más cachondo. El que pide marcha, el travieso, el que da las órdenes, el director de orquesta. Aquí se cuece todo. Es el hipotálamo el que envía una serie de mensajes químicos a la hipófisis para que esta haga de correo y haga llegar sus mensajes a ovarios y testículos. Para que a su vez estos se pongan a fabricar hormonas como locos. Todo está muy bien pensado...

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