Los preservativos actuales son muy distintos a los de antaño. Y también ha cambiado su aceptación social. Van cayendo los viejos prejuicios y las manías de algunos varones, y hoy en día el preservativo es un método anticonceptivo bien aceptado entre la población. Son muchas más sus ventajas que sus ridículos inconvenientes. El preservativo se ha introducido ya dentro del juego sexual y hay formas muy sugerentes de colocarlo. Es además (junto con la vasectomía) una buena manera de asumir y compartir la tarea anticonceptiva.
Por fin se ha logrado (¡ya era hora!) que el preservativo sea socialmente bien aceptado, tanto como método anticonceptivo, como por su eficacia ante las enfermedades de transmisión sexual.
Hace ya 12.000 años que los primates humanos descubrimos el papel del varón en la fecundación. Y sabemos que mientras ella pone un óvulo, él suelta nada menos que 200.000.000 de espermatozoides en cada eyaculación.
Desde que lo sabemos ha sido un empeño constante el poder controlar nuestra dimensión reproductiva, poniendo los medios para evitar los embarazos no deseados. Medios cada día más seguros y más cómodos. Atrás han quedado ya aquellas viejas historias de que "ponerte un preservativo es como ponerte un guante de boxeo", que "resta sensibilidad", o que "para hacerlo con preservativo, más vale no hacerlo". Estamos hablando de los preservativos actuales, no de los descritos por Falopio en el siglo XVI, hechos a base de vísceras de animales, gruesos, toscos, y cosidos rudimentariamente. Estamos hablando de preservativos de látex, de 0.03 mm, finísimos, elásticos y perfectamente adaptables.
El preservativo es un método anticonceptivo de barrera, de manera que retiene en su interior el líquido seminal repleto de espermatozoides. Para que haya embarazo los espermatozoides han de atravesar el cuello del útero y subir en una maratoniana carrera hasta las trompas de Falopio. Es en la trompa donde el espermatozoide se fusiona con el óvulo.
La función del preservativo es precisamente retenerlos en su interior e impedir que los espermatozoides puedan subir hasta la trompa y fusionarse con el óvulo.
El preservativo tiene muy importantes ventajas. Su seguridad, su sencillez, el no necesitar control médico. Para aumentar su seguridad, es mejor utilizar las marcas que traen ya una crema espermicida incorporada.
Al mismo tiempo, el preservativo es la mejor manera de evitar las enfermedades de transmisión sexual: sífilis, gonorrea, etc. Y la más grave de ellas, el SIDA.
La tasa de seguridad del preservativo es altísima, y los problemas que se nos pueden presentar no están tanto en el material de que está fabricado o en la posibilidad de rotura, cuanto en el uso incorrecto que hagamos de él.
De hecho, muchos embarazos no deseados se producen por haber utilizado el preservativo «casi» siempre, pero no siempre. Hay quienes piensan (erróneamente) que en determinados días del ciclo no hay riesgo de embarazo, y que esos días pueden hacerlo sin preservativo. Y claro, se embarazan. Y además se extrañan.
Y otro error muy frecuente: hay quienes piensan que el preservativo es un recipiente para el momento de eyacular. Y por tanto penetran sin preservativo, están goxo-goxo, salen, vuelven a entrar y únicamente se lo ponen cuando van a eyacular. Sin darse cuenta de que para entonces el estropicio ya está hecho. Porque "antes de llover chispea", es decir, porque antes de eyacular salen unas gotas que también contienen espermatozoides. Y luego vienen esos embarazos tan «inexplicables».
Pero si no se cometen estos dos errores, si se utiliza el preservativo en todas las relaciones sexuales de penetración y todo el tiempo que el pene permanezca en la vagina, es muy improbable que tengamos problemas.
He aquí una serie de precauciones (sencillas, pero imprescindibles) para que evitar el que luego haya disgustos:
En realidad, se trata de una serie de precauciones sencillas, completamente lógicas, y que después de haber utilizado media docena de preservativos ya se hacen automáticamente, y que no interfieren para nada el desarrollo del juego sexual. Es más, los juegos, ardores, pasiones, empinamientos, humedades y orgasmos se disfrutan mucho mejor cuando hacemos las cosas bien, sin el miedo permanente a un posible disgusto por habernos pasado de listos.
Los hay también quienes dicen que «pararse» a ponerse el preservativo supone «cortar» la relación. Les entra la vena poética y dicen que se rompe «el encanto» y que luego ya no es como antes. Veámoslo de otra manera: los hay que para ponerse un preservativo cortan la relación, le dan la espalda a la moza, lo sacan secretamente de la cartera, se lo ponen de mala manera y montan un cuadro... El preservativo, como el pene, o como una teta, no son sino juguetes con los que jugamos durante el encuentro sexual. Si el sexo es para nosotros un juego, una fiesta, el preservativo no es sino un juguete, con el que podemos hacer unas risas, que te lo puede poner ella. Recientemente decía en televisión una profesional que ellas suelen ponerlo con la boca. No está nada mal, eh? Pues es cuestión de practicar.
Junto con la vasectomía, el preservativo es una buena manera de compartir la tarea anticonceptiva. Tanto si deseas más información acerca del preservativo, como sobre cualquier otro método anticonceptivo, puedes ponerte en contacto con nosotros o acercarte directamente a cualquiera de las clínicas ASKABIDE.