Información sobre el SIDA

Métodos anticonceptívos

El SIDA -Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida- es la Enfermedad de transmisión sexual más reciente y con más graves consecuencias. Está causada por el virus VIH -Virus de la Inmunodeficiencia Humana-.

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El SIDA no es consecuencia de un trastorno hereditario, sino resultado de la exposición a una infección por el VIH, que facilita el desarrollo de nuevas infecciones oportunistas, tumores y otros procesos. Este virus permanece latente y destruye un cierto tipo de linfocitos, células encargadas de la defensa del sistema inmunitario del organismo.

El virus VIH ataca al sistema inmunitario, a un tipo particular de partículas de glóbulos blancos que son utilizados por el cuerpo para combatir las enfermedades. El SIDA representa la etapa final de la infección por el VIH.

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Historia

Los datos apuntan a que el SIDA se pudo haber originado a finales de los 60, a raíz de una posible mutación del virus, mutación ante la que el primate humano no estaba preparado. Se descubrió por primera vez a comienzos de los 80, al observarse un gran aumento de ciertas infecciones que hace tiempo que están ya controladas, pero que empezaron a producir la muerte en personas que presentaban una extraña carencia de sus defensas. Es entonces cuando se detectó la presencia de un virus que era el responsable de esta falta de defensas. El hecho de que diversas personas famosas y de renombre internacional muriesen a consecuencia del SIDA contribuyó a que el hecho saltase a la prensa y comenzara un proceso de concienciación social sobre su incidencia, las vías de transmisión, las consecuencias, así como sobre las medidas preventivas y terapéuticas.

La corta historia de la enfermedad está salpicada por varios acontecimientos importantes. La era del SIDA empezó oficialmente el 5 de junio de 1981, cuando los CDC (Centros para el Control y Prevención de Enfermedades) de Estados Unidos convocaron una conferencia de prensa donde describieron cinco casos de neumonía por Pnemocystis carinii en Los Ángeles. Al mes siguiente se constataron varios casos de sarcoma de Kaposi, un tipo de cáncer de piel.

Pese a que l@s médic@s conocían tanto la neumonía por Pnemocystis carinii como el sarcoma de Kaposi, la aparición conjunta de ambos en varios pacientes les llamó la atención. La mayoría de estos pacientes eran hombres homosexuales sexualmente activos, muchos de los cuales también sufrían de otras enfermedades crónicas que más tarde se identificaron como infecciones oportunistas. Las pruebas sanguíneas que se les hicieron a estos pacientes mostraron que carecían del número adecuado de un tipo de células sanguíneas llamadas T CD4+. La mayoría de estos pacientes murieron en pocos meses.

Por la aparición de unas manchas de color rosáceo en el cuerpo del infectado, la prensa comenzó a llamar al SIDA la «peste rosa», causando una confusión, atribuyéndola a los homosexuales, aunque pronto se hizo notar que también la padecían los inmigrantes haitianos en Estados Unidos, los usuarios de drogas inyectables y los receptores de transfusiones sanguíneas, lo que llevó a hablar de un club de las cuatro haches que incluía a todos estos grupos considerados de riesgo para adquirir la enfermedad. En 1982, la nueva enfermedad fue bautizada oficialmente con el nombre de Acquired Immune Deficiency Syndrome (AIDS).

Hasta 1984 se sostuvieron distintas teorías sobre la posible causa del SIDA. La teoría con más apoyo planteaba que el SIDA era una enfermedad básicamente epidemiológica.

En 1983 un grupo de nueve hombres homosexuales con SIDA de Los Ángeles, que habían tenido parejas sexuales en común, incluyendo a otro hombre en Nueva York que mantuvo relaciones sexuales con tres de ellos, sirvieron como base para establecer un patrón de contagio típico de las enfermedades infecciosas.

El SIDA no es ninguna broma. Pretender ignorarlo es jugarte el tipo. Pero cierto es que la derecha más recalcitrante aprovechó el desconcierto inicial para utilizarlo como basura ideológica contra las conductas homosexuales primero, y -por extensión- contra todo disfrute sexual después. Por eso, la mejor forma de desmontar tal pretensión es tener una información lo más amplia y lo más clara posible. Ante una sociedad cada vez menos aterrorizada por dioses, brujos y sumos sacerdotes, ante una sociedad cada vez más secularizada, que camina hacia una vivencia más sana y placentera de la sexualidad, la Iglesia y los masocas sexofóbicos vieron en el SIDA una oportunidad de oro para presentarlo como un castigo divino a la «corrupción hedonista». Y qué mejor que empezar por establecer «grupos de riesgo», culpando a las prácticas homosexuales. Cierto es que esta forma de presentar el SIDA ha hecho mucho daño. Pero cierto es también que el Movimiento Gay ha sabido manejar la situación, hasta el punto de haber salido claramente fortalecido.

La teoría más reconocida actualmente sostiene que el VIH proviene de un virus llamado «virus de inmunodeficiencia en simios» (SIV, en inglés), el cual es idéntico al VIH y causa síntomas similares al SIDA en otros primates.

En 1984 dos científicos franceses, Françoise Barré-Sinoussi y Luc Montagnier del Instituto Pasteur, aislaron el virus de SIDA y lo purificaron. En 1985 ya estuvieron disponibles las pruebas para analizar qué sangre contenía o no el VIH, y ya se habían contabilizado casos en todos los continentes.

En 1986 el virus fue denominado VIH (virus de inmunodeficiencia humana). El descubrimiento del virus permitió el desarrollo de un anticuerpo, el cual se comenzó a utilizar para identificar dentro de los grupos de riesgo a los infectados. También permitió empezar investigaciones sobre posibles tratamientos y una vacuna.

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Seis años después de su detección, en 1987, se crearon diversos organismos para tratar de contener la rápida propagación. También en esta fecha, la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense, la FDA, autorizó el primer fármaco para tratar el SIDA. La terapia triple antirretroviral no estuvo disponible hasta 1996. En la actualidad, se investiga en la obtención de una vacuna que frene al virus.

En esos tiempos las víctimas del SIDA eran aisladas por la comunidad, los amigos e incluso la familia. L@s niñ@s que tenían SIDA no eran aceptad@s por las escuelas debido a las protestas de los padres de otr@s niñ@s. La gente temía acercarse a l@s infectad@s ya que pensaban que el VIH podía contagiarse por un contacto casual como dar la mano, abrazar, besar o compartir utensilios con un infectado.

En un principio la comunidad homosexual fue culpada de la aparición y posterior expansión del SIDA en Occidente. Incluso algunos grupos religiosos llegaron a decir que el SIDA era un castigo de Dios a los homosexuales (esta creencia aún es popular entre ciertas minorías de creyentes cristian@s y musulmanes). Otros señalan que el estilo de vida «depravado» de los homosexuales era responsable de la enfermedad. Aunque en un principio el SIDA se expandió más de prisa a través de las comunidades homosexuales, y que la mayoría de los que padecían la enfermedad en Occidente eran homosexuales, esto se debía, en parte, a que en esos tiempos no era común el uso del condón entre homosexuales, por considerarse que éste era sólo un método anticonceptivo. Por otro lado, la difusión del mismo en África fue principalmente por vía heterosexual.

El SIDA pudo expandirse rápidamente al concentrarse la atención sólo en los homosexuales, esto contribuyó a que la enfermedad se extendiera sin control entre heterosexuales, particularmente en África, el Caribe y luego en Asia.

La pandemia actual arrancó en África Central, pero pasó inadvertida mientras no empezó a afectar a población de países ricos, en los que la inmunosupresión del SIDA no podía confundirse fácilmente con depauperación debida a otras causas, sobre todo para sistemas médicos y de control de enfermedades muy dotados de recursos. La muestra humana más antigua que se sepa que contiene VIH fue tomada en 1959 a un marino británico, quien aparentemente la contrajo en lo que ahora es la República Democrática del Congo. Otras muestras que contenían el virus fueron encontradas en un hombre estadounidense que murió en 1969 y en un marino noruego en 1976. Se cree que el virus se contagió a través de actividad sexual, posiblemente a través de prostitutas, en las áreas urbanas de África. A medida que los primeros infectados viajaron por el mundo, fueron llevando la enfermedad a varias ciudades de distintos continentes.

En la actualidad, la manera más común en que se transmite el VIH es a través de actividad sexual desprotegida y al compartir agujas entre usuarios de drogas inyectables.

Contagio del VIH

El virus del SIDA se transmite a través de 4 fluidos que presentan una concentración suficiente como para transmitirlo: SANGRE, SEMEN, FLUIDOS VAGINALES y LECHE MATERNA. Por tanto, el virus del SIDA únicamente se puede transmitir por:

  1. Relaciones sexuales (vaginales y/o orales) sin preservativo con una persona portadora del virus.
  2. Transfusión de sangre infectada, así como por el uso de jeringuillas, agujas u otros instrumentos contaminados con sangre de una persona infectada.
  3. Las madres infectadas pueden transmitir el virus a sus hij@s durante la gestación, parto o lactancia.

Por tanto, cualquier otra forma de contacto o de juego sexual NO transmite el SIDA. NO SE TRANSMITE a través del contacto, ni a través de caricias, ni de la mutua masturbación, ni de los besos. Ni aunque sean apasionados besos a tornillo. Ni tampoco a través de la tos o del estornudo, de los vasos o cubiertos, de servilletas o alimentos, de bañarte en la piscina o de secarte con la misma toalla. NADA DE ESTO te infectará el SIDA. Son los fluidos -sangre, semen, secreción vaginal y leche materna- los que actúan de vehículos de transmisión. Ahí es donde hemos de tener cuidado; NO en los múltiples contactos cotidianos, NI en las caricias sexuales.

El VIH se transmite pues a través del contacto sexual con personas infectadas, por el uso compartido de jeringas y agujas infectadas, y en el caso de los bebés, por la exposición al virus antes de nacer o durante el parto, o al ser amamantados. La infección por VIH que produce en sus estados avanzados el SIDA se adquiere a través del intercambio de fluidos como la sangre, el semen, la mucosa vaginal y la mucosa anal.

Otros fluidos como las lágrimas y la saliva contienen el virus en menores cantidades, de manera que la probabilidad de adquirir el VIH a través de ellos es prácticamente nula.

Las formas más frecuentes de contraer el VIH son a través del coito sin condón, las jeringas y otros instrumentos punzocortantes infectados, la transfusión de sangre o productos derivados contaminados con el virus, o bien, por vía perinatal de una madre a su hijo en el parto o al amamantarlo.

Pasarán algunos días antes de la seroconversión del portador del virus, después de ella tendrá la condición de seropositivo. Aunque no se manifiesten síntomas graves de la infección por VIH, el sistema inmune de la persona estará expuesto a un proceso de deterioro causado por la reproducción del virus. Eventualmente, una persona seropositiva desarrollará el SIDA en el lapso de aproximadamente 5 años o más después de la infección.

Aunque hay que dejar claro que hay muchas personas infectadas por el virus que no saben que están enfermas porque no tienen ningún síntoma durante los primeros años de la infección. De hecho, la mayoría de las personas seropositivas no saben que lo son.

Durante la etapa asintomática, cada día se producen varios miles de millones de virus VIH, lo cual se acompaña de una disminución de las células T CD4+. El virus no sólo se encuentra en la sangre, sino en todo el cuerpo, particularmente en los ganglios linfáticos, el cerebro y las secreciones genitales.

Normalmente, los glóbulos blancos y anticuerpos atacan y destruyen a cualquier organismo extraño que entra al cuerpo humano. Esta respuesta es coordinada por un tipo de células llamados linfocitos CD4. Desafortunadamente, el VIH ataca específicamente a las células que expresan el receptor CD4, una de las más importantes son los linfocitos T CD4+ y entra en ellos. Una vez dentro, el virus transforma su material genético de cadena simple (ARN) a uno de cadena doble (ADN) para incorporarlo al material genético propio del huésped (persona infectada) y lo utiliza para replicarse o hacer copias de sí mismo. Cuando las nuevas copias del virus salen de las células a la sangre, buscan a otras células para atacar. Mientras, las células de donde salieron mueren. Este ciclo se repite una y otra vez.

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Para defenderse de esta producción de virus, el sistema inmune de una persona produce muchas células CD4 diariamente. Paulatinamente el número de células CD4 disminuye, por lo que la persona sufre de inmunodeficiencia, lo cual significa que la persona no puede defenderse de otros virus, bacterias, hongos y parásitos que causan enfermedades, lo que deja a la persona susceptible de sufrir enfermedades que una persona sana sería capaz de enfrentar, como la neumonía atípica o la meningitis atípica. Estas enfermedades son principalmente infecciones oportunistas.

Epidemiología

En los países occidentales el índice de infección con VIH ha disminuido ligeramente debido a la adopción de prácticas de sexo seguro por los varones homosexuales y -en menor grado- a la existencia de distribución gratuita de jeringas y campañas para educar a los usuarios de drogas inyectables acerca del peligro de compartir las jeringas. La difusión de la infección en los heterosexuales ha sido un poco más lenta de lo que originalmente se temía, posiblemente porque el VIH es ligeramente menos transmisible por las relaciones sexuales vaginales -cuando no hay otras Enfermedades de Transmisión Sexual presentes- que lo que se creía antes.

Sin embargo, desde fines de los años 1990, en algunos grupos humanos del Primer Mundo los índices de infección han empezado a mostrar signos de incremento otra vez.

En el Reino Unido el número de personas diagnosticadas con VIH se ha incrementado un 26 %. Las mismas tendencias se notan en EE.UU. y Australia. Esto se atribuye a que las generaciones más jóvenes no recuerdan la peor fase de la epidemia en los ochenta y se han cansado del uso del condón. El SIDA continúa siendo un problema entre las prostitutas y los usuarios de drogas inyectables. Por otro lado el índice de muertes debidas a enfermedades relacionadas con el SIDA ha disminuido en los países occidentales debido a la aparición de nuevas terapias de contención efectivas (aunque más costosas) que aplazan el desarrollo del SIDA.

En países subdesarrollados, en particular en la zona central y sur de África, las malas condiciones económicas (que llevan por ejemplo a que en los centros de salud se utilicen jeringas ya usadas) y la falta de educación sexual debido a causas principalmente religiosas, dan como resultado un altísimo índice de infección. Recientemente ha aumentado la preocupación respecto al rápido crecimiento del SIDA en la Europa oriental y Asia central.

Las mujeres y el SIDA

Según el Fondo de las Naciones Unidas para las Mujeres (UNIFEM), a pesar de que la infección del VIH comenzó concentrándose básicamente en hombres, a día de hoy, las mujeres suponen el 50% de las personas infectadas con el VIH. Incluso en regiones como el África Subsahariana, las mujeres representan el 60% del total de la población con VIH.

Prevención

Una vez que un individuo contrae el VIH, es altamente probable que en el transcurso de su vida llegue a desarrollar SIDA. Si bien algunos portadores permanecen en estado asintomático por largos períodos de tiempo, la única manera de evitar el SIDA consiste en la prevención de la infección por VIH.

El avance más importante en la lucha contra el SIDA está en el efecto preventivo de las múltiples campañas a favor del uso del preservativo, tanto en las conductas heterosexuales como homosexuales.

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La infección por VIH por las relaciones sexuales ha sido comprobado de hombre a mujer, de mujer a hombre, de mujer a mujer y de hombre a hombre. El uso de condones de látex se recomienda para todo tipo de actividad sexual que incluya penetración. Los condones tienen una tasa estimada del 90-95% de efectividad para evitar el embarazo y el contagio de enfermedades, y usado correctamente, esto es, bien conservado, abierto con cuidado y correctamente colocado, es el mejor medio de protección contra la transmisión del VIH. Se ha demostrado repetidamente que el VIH no pasa efectivamente a través de los condones de látex.

El sexo anal, debido a la delicadeza de los tejidos del ano y la facilidad con la que se llagan, se considera la actividad sexual de más riesgo. Por eso, los condones se recomiendan también para el sexo anal. El condón se debe usar una sola vez, tirándolo a la basura y usando otro condón cada vez. Debido al riesgo de rasgar (tanto el condón como la piel y la mucosa de la paredes vaginales y anales), se recomienda el uso de lubricantes con base acuosa. La vaselina y los lubricantes basados en aceite o petróleo no deben usarse con los condones porque debilitan el látex y lo vuelven propenso a rasgarse.

Bueno, y ya sabes: “Si no dispones de condón, usa la imaginación”.

Portadores y enfermos de SIDA

Hay dos niveles muy distintos de la enfermedad. Cuando una persona es infectada, el virus del SIDA -Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida- se introduce en su sistema inmunológico. A partir de ese momento ya es seropositiva. Pero la evolución de unas personas y otras es muy distinta. En unos casos, el virus no logra destruir el sistema inmunológico, y estas personas no tienen síntoma alguno. No hay signos externos. Pero son portadoras y transmiten el virus a otras personas.

Sin embargo, en buena parte de los casos, el virus va destruyendo los linfocitos, dañando el entramado defensivo. El cuerpo humano está preparado para no dejarse dañar por la presencia de miles de microbios, virus, bacterias, hongos y toda clase de parásitos con los cuales compartimos amigablemente la existencia. No es que el virus del SIDA nos mate. Lo que hace es «comerse» nuestros linfocitos, es decir, nuestro sistema defensivo. Y sin linfocitos, cualquier pequeña infección -que en circunstancias normales sería rápidamente resuelta- es capaz de terminar con nosotr@s.

Se llama portadora a la persona que, tras adquirir la infección por el VIH, no manifiesta síntomas de ninguna clase. Se llama enfermo de SIDA al que padece alguno de los procesos antes señalados (infecciosos, tumorales, etc), con una precariedad inmunológica importante. Tanto la persona portadora como la enferma de SIDA se denominan seropositivas, porque tienen anticuerpos contra el virus que pueden reconocerse en la sangre con una prueba de laboratorio.

En líneas generales, desde que una persona se infecta con el VIH hasta que desarrolla SIDA, existe un período asintomático que suele durar unos 10 años. Durante este tiempo el sistema inmune sufre una destrucción progresiva, hasta que llega un momento crítico en que el paciente tiene un alto riesgo de padecer infecciones y tumores.

Se estima que, por término medio, existen alrededor de 8 (de 5 a 12) portadores por cada enferm@ de SIDA.

En ausencia de tratamiento la evolución natural de la enfermedad por el VIH aboca necesariamente al desarrollo de SIDA al cabo de unos años. Así ocurre actualmente, desgraciadamente, en los países subdesarrollados.

Sin embargo, con la aparición en el año 1996 de la nueva y potente terapia combinada anti-retroviral se consigue controlar el deterioro inmunológico producido por el virus y, como consecuencia, prevenir el desarrollo de SIDA. Actualmente no es posible predecir el futuro a largo plazo de estos pacientes que, sin embargo, han visto prolongada su supervivencia con los nuevos tratamientos. Estas terapias, a pesar de su eficacia, no están exentas de serios inconvenientes: toxicidad, difícil cumplimiento, disminución de su eficacia (el virus puede hacerse resistente) y elevado coste económico. Todos estos factores hacen que, hoy por hoy, no sea posible pronosticar si un paciente concreto, actualmente en tratamiento, va a desarrollar o no SIDA en el futuro.

Síntomas del SIDA

El SIDA comienza con una infección por VIH. Es posible que las personas infectadas con el VIH no presenten síntomas durante 10 años o más, pero pueden transmitir la infección a otros durante este período asintomático. Si la infección no se detecta y no se inicia el tratamiento, el sistema inmunitario se debilita gradualmente y se desarrolla el SIDA.

La infección aguda por VIH progresa con el tiempo (generalmente de unas pocas semanas a meses) a una infección por VIH asintomática (sin síntomas) y luego a infección sintomática temprana por VIH. Posteriormente, progresa a SIDA (infección por VIH avanzada con conteo de células T CD4 por debajo de 200 células/mm3).

Los síntomas del SIDA son principalmente el resultado de infecciones que normalmente no se desarrollan en personas con un sistema inmunitario sano. Éstas se llaman infecciones oportunistas. En las personas con SIDA, el VIH ha dañado el sistema inmunitario, por lo que son muy susceptibles a dichas infecciones oportunistas.

Los síntomas más habituales del SIDA suelen consistir en:

  • Fatiga persistente,
  • Escalofríos, fiebre,
  • Sudores (particularmente en la noche),
  • Diarrea crónica,
  • Dolor de cabeza,
  • Ganglios linfáticos inflamados,
  • Lesiones en la piel,
  • Menos apetito,
  • Debilidad,
  • Pérdida de peso,
  • Un evidente deterioro físico.

Diagnóstico

Clínicamente, el SIDA es declarado cuando un paciente seropositivo presenta un conteo de linfocitos T CD4 inferior a 200 células por mililitro cúbico de sangre. En esta condición, el sistema inmune se halla gravemente deteriorado, de modo que el paciente queda expuesto a diversos procesos patológicos generados por un conjunto de infecciones oportunistas.

En un sentido estricto, el SIDA no es una enfermedad causada por el virus de inmunodeficiencia humana. De hecho, el VIH sólo es el agente etiológico de algunos procesos patológicos asociados al SIDA. El SIDA es expresión de una inmunosupresión que aumenta las probabilidades de que un portador del VIH desarrolle enfermedades causadas por infecciones que, en personas con sistemas inmunes normales, no se presentarían. Entre estas se encuentran la infección por Histoplasma, Toxoplasma y Candida albicans, hongos que se encuentran en ambientes cotidianos o en el organismo humano, pero que sólo son patógenos generalmente en condiciones de inmunosupresión.

El tiempo que demora el diagnóstico de SIDA desde la infección inicial del virus VIH es variable. Algunas personas desarrollan algún síntoma de inmunosupresión muy pocos meses después de haber sido infectados, mientras que otros se mantienen asintomáticos hasta 20 años.

La razón por la que algunos pacientes no desarrollan la enfermedad y por qué hay tanta variabilidad interpersonal en el avance de la enfermedad, todavía es objeto de estudio.

El tiempo promedio entre la infección inicial y el desarrollo del SIDA varía entre ocho a diez años en ausencia de tratamiento.

Las pruebas de detección básica de laboratorio y las citologías vaginales regulares son importantes para vigilar la infección por VIH, debido al aumento del riesgo de cáncer cervical en mujeres inmunocomprometidas.

Tratamiento

El SIDA y la infección por VIH son incurables y eventualmente causan la muerte. Aunque aún no se ha logrado un fármaco capaz de destruir al virus VIH, si se coge a tiempo -cuando aún no han aparecido los síntomas- gracias a un test que detecta la presencia de anticuerpos, es más fácil hacer frente a la situación y retrasar en mucho el paso de ser portador/a a tener la enfermedad.

Actualmente existen medicamentos -llamados «antirretrovirales»- que inhiben enzimas esenciales, la transcriptasa reversa, retrotranscriptasa o la proteasa, con lo que reducen la replicación del VIH. De esta manera, se frena el progreso de la enfermedad y la aparición de infecciones oportunistas, así que aunque el SIDA no puede propiamente curarse, sí puede convertirse con el uso continuado de esos fármacos en una enfermedad crónica compatible con una vida larga y casi normal. La enzima del VIH, la retrotranscriptasa, es una enzima que convierte el ARN a ADN, por lo que se ha convertido en una de las principales dianas en los tratamientos antirretrovirales.

Los antirretrovirales han logrado aumentar la esperanza de vida de los portadores del virus, al tiempo que reducen la probabilidad de que desarrollen las infecciones oportunistas. El gran impacto del SIDA es perceptible en los indicadores globales de salud, que muestran una declinación de la tendencia al alza de la esperanza de vida en los países con mayor prevalencia de la infección por VIH. Pero sin duda es en la vida de las personas en donde se manifiesta con mayor dureza. En regiones empobrecidas, miles de personas no cuentan con acceso a los antirretrovirales debido a su alto costo o a su indisponibilidad. El SIDA empobrece a las familias y a las comunidades, no sólo por su costo, sino porque l@s pacientes pueden estar incapacitad@s para trabajar o desarrollar su vida normal a causa de las enfermedades. Un número importante de niñ@s quedan en desamparo por causa de la mortalidad derivada del SIDA.

En el año 2007 la Agencia Europea de Medicamentos autorizó el fármaco Atripla que combina tres de los antirretrovirales más usuales en una única pastilla. El medicamento está indicado para el tratamiento del virus-1 en adult@s.

El común denominador de los tratamientos aplicados en la actualidad es la combinación de distintas drogas antiretrovilares, comúnmente llamada "cóctel". Estos "cócteles" reemplazaron a las terapias tradicionales de una sola droga que sólo se mantienen en el caso de las embarazadas VIH positivas. Las diferentes drogas tienden a impedir la multiplicación del virus y, hacen más lento el proceso de deterioro del sistema inmunitario. El "cóctel" se compone de dos drogas inhibidoras de la transcriptasa reversa y un inhibidor de otras enzimas las proteasas. Los inhibidores de las proteasas actúan en las células ya infectadas, impidiendo el «ensamblaje» de las proteínas necesarias para la formación de nuevas partículas virales.

Lo más importante es que hace 15 años el SIDA tenía una mortalidad de 100% y ahora tiene una mortalidad de casi 0%.

La vacuna anti SIDA, cada vez más cerca

Descubierto en 1981 y causante de la muerte de 35 millones de personas en todo el mundo, el SIDA sigue siendo una de las enfermedades más temidas y difíciles de encontrar un tratamiento que logre erradicar el virus. Según la OMS, 36 millones de personas viven con el virus. Sin embargo, parece ser que la meta está cada vez más cerca ya que gracias a la investigación se ha logrado hallar la molécula que propaga la enfermedad, por lo que resulta más fácil encontrar las vías necesarias para atajar el VIH.

Un equipo de investigadores del Servicio de Enfermedades Infecciosas y Sida del Hospital Clínico de Barcelona ha dado un paso más en este camino al presentar una vacuna terapéutica que ha mostrado en los ensayos resultados alentadores.

En las pruebas realizadas a 36 pacientes que seguían una terapia antirretroviral (conocida como TAR), tras la vacunación de prueba "cambió el equilibrio virus / huésped a favor del huésped", o lo que es lo mismo, el virus perdía la batalla de la infección. Según los datos, tras 12 semanas la reducción de la carga viral gracias a la vacuna era del 90 por ciento, aunque posteriormente el virus se hace resistente y consigue paliar el efecto de la vacuna.

Para conseguir frenar el avance del virus del SIDA los investigadores pulsaron células dendríticas (aquellos linfocitos que presentan antígenos al sistema inmunitario) de los propios pacientes con VIH y las inactivaron con calor. De este modo, cuando las células dendríticas "presentaban" al virus a los linfocitos encargados de eliminar al agente infeccioso externo, el VIH no conseguía infectar al linfocito (como ocurre normalmente), sino que consigue transmitir adecuadamente el mensaje para activar el sistema inmunitario y terminar con el agente externo infectante.

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Las distintas investigaciones en torno a una posible vacuna contra el SIDA están empezando a dar sus frutos. Y las últimas pruebas de la posible vacuna han arrojado interesantes resultados. Las pruebas en Tailandia de 2009 mostraron que una vacuna que ayude al sistema inmunológico del ser humano a detectar el virus del VIH puede funcionar. Se han obtenido buenos resultados en animales, y ahora se está testando de manera similar en las personas. La vacuna prepara al cuerpo humano para detectar el virus y bloquear el sistema inmunológico ante él.

La futura vacuna contra el SIDA se centraría en dos puntos de ataque: la prevención de la infección y de la repetición o traspaso del virus a otras células. La fórmula eficaz sería aquella que estimulase los anticuerpos neutralizadores de estos fenómenos.

La ciencia se enfrenta actualmente a tres retos para crear esta vacuna:

  • la gran diversidad de caras con las que se presenta el virus del VIH en función de las diferencias genéticas alrededor del mundo,
  • la alta capacidad de mutación de la infección
  • y el hecho de que afecta a células esenciales del sistema inmunológico.

Aunque hay mucho entusiasmo en la comunidad científica, una vacuna eficaz y segura a nivel global tardará en confeccionarse otros diez años. La parte más positiva es que varias vacunas están avanzando al mismo tiempo.

Hacer el amor es lo mejor que nos puede ocurrir, pero siempre que hayamos puesto previamente las medidas necesarias para evitar consecuencias no deseadas, bien sea un embarazo no deseado, bien sea el que nos podamos contagiar de una Enfermedad de Transmisión Sexual.

Si crees que puedes tener una enfermedad de transmisión sexual o el SIDA, puedes ponerte en contacto con nosotros o acercarte a la Clínica Askabide, para pedir cita y ayudarte lo antes posible. Llevamos más de 30 años ayudando a nuestros pacientes.

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