Información sobre los cambios hormonales

ginecologia

Hormonas en la edad adulta

Una vez que la maquinaria ya está bien engrasada y a punto, los ovarios trabajan concienzudamente para madurar los óvulos y para fabricar las hormonas femeninas.

¿Cuáles son y qué efectos producen las hormonas sexuales? Cada sexo ha especializado sus ovarios y sus testículos en la fabricación de dichas hormonas: estrógenos (hormonas femeninas) y andrógenos (hormonas masculinas), pero lo hacemos de una forma muy curiosa: no se trata de que cada sexo fabriquemos unas hormonas distintas, sino que ambos sexos fabricamos tanto hormonas femeninas como masculinas, sólo que en proporciones distintas, hasta el punto de que en realidad no tiene demasiado sentido llamar «hormona masculina» a la testosterona y «hormona femenina» a los estrógenos.

Tanto las mujeres como los hombres tenemos ambas correteando por nuestra sangre. Es más, las diferencias químicas entre las hormonas femeninas y las masculinas son mínimas. Lo cual pone de relieve (una vez más) que no existen sexos "puros", sino que ambos tenemos una parte femenina y una parte masculina. Muy interesante...

Nuestras hormonas son mensajeros químicos que circulan por el torrente sanguíneo, y que estimulan el cerebro para que se ponga en marcha la conducta sexual.

Aunque estas hormonas se fabrican lejos del cerebro (en los ovarios y testículos), éste es quien regula y coordina su fabricación. En realidad, todo empieza en el cerebro, para después de un largo recorrido volver a terminar en el cerebro. El cerebro es el punto de partida y también la estación de llegada. Es por eso que se ha repetido un millón de veces que el órgano sexual más importante no está en la entrepierna, sino entre las orejas.

Y es que en el cerebro tenemos una pequeña glándula (la hipófisis) que es la encargada de poner en danza a los ovarios, a los testículos y a lo que haga falta para ponernos súper cachondos y empujarnos a buscar y a disfrutar la actividad sexual.

Estas hormonas circulan por nuestra sangre. Sangre que pasa por nuestro cerebro. En el cerebro tenemos un sensor (el hipotálamo) que cuando detecta un nivel elevado de hormonas circulando como locas por nuestra sangre, se dispara y enciende el deseo sexual. El impulso sexual tiene su centro en el hipotálamo.

O sea, que es desde nuestro cerebro, desde donde se pone en marcha todo el proceso. El hipotálamo es nuestro punto más cachondo. El que pide marcha, el travieso, el que da las órdenes, el director de orquesta. Aquí se cuece todo. Es el hipotálamo el que envía una serie de mensajes químicos a la hipófisis para que esta haga de correo y haga llegar sus mensajes a ovarios y testículos. Para que a su vez estos se pongan a fabricar hormonas como locos. Todo está muy bien pensado...

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